Musealizando El Bulli

Empezar a escribir ´lo que sea´ sobre El Bulli no es tarea fácil. La primera batalla hay que librarla con todos aquellos detractores a los que uno comprende en ocasiones y detesta por igual.

La segunda batalla se libra en el duelo pantalla-redactor@. ¿Qué hay que decir sobre el experimento Bulli? Podríamos ser estrictamente conservadores y ceñirnos a la más que afianzada estructura narrativa de la influencia-resultado, es decir, cómo la influencia de la nouvelle cousin lleva a sus creadores hasta el Bulli. Debo admitir que no sé mucho acerca de “Historia de la cocina”. Ni siquiera sé si esta disciplina existe. Lo que sí sé es que El Bulli y lo que he aprendido de él en la exposición va de otra cosa. Y muy diferente.

El tema Bulli es de por sí muy polémico. Intentaré no salir de la línea del blog e intentaré basarme en la narración de la exposición. Aunque aviso a navegantes: puede que en algún momento se me escape alguna chispa de emoción.

  1. El Bulli es el único fenómeno artístico que he conocido donde el término “experiencia” acoja tantísimas  acepciones. En el caso del Palau Robert podemos compartir la experiencia de la contemplación junto con aquellos que pudieron degustar algunos de sus platos. Estoy segura que ese momento formaría una parte importante del ritual completo que suponía ir a El Bulli. Este acto conformaría una manifestación de respeto hacia el artesano y el artista a través de la mirada y el olfato.
  2. La conceptualización de la idea, del proceso y del resultado está estudiado milimétricamente. Es aquí donde entra la ciencia como disciplina tangencia dentro del proceso      creativo de El Bulli. Creo que es un acierto total haber situado en el epicentro de la exposición la vitrina con las miniaturas y la explicación  de las teorías para dar paso inmediatamente a la ingeniería.

Decir que al fin y al cabo es sólo comida es como decir que una escultura de Chillida es sólo hierro o que el fresco de la Escuela de Atenas es sólo un garabato en una pared. (Ya avisé que esto podría ocurrir). No es ninguna novedad afirmar que el arte se encuentra en un proceso de cambio con el que no encuentro similitudes relativamente cercanas. La experiencia está cambiando en todos los sentidos del mismo modo que las manifestaciones artísticas. Por respeto a  la historia creo que “la museabilidad” de la obra de Ferran Adrià y su equipo va más allá de su simple presencia en una agenda de ocio. Aunque sólo fuese por unos segundos debería darnos qué pensar.

 

Siempre que quiero hablar sobre Ferran Adrià pasa algo por mi mente que por pudor o por un extraño respeto al futuro que nos depara a los amantes del arte no me atrevo a afirmar. Sin embargo creo que puedo decirlo por aquí. Casi “por lo bajini”: De momento Ferran Adrià es el artista más importante que ha dado el siglo XXI. Ejem, ejem. Y ya lo pensaba antes de ver la exposición que por supuesto recomiendo visitar en el Palau Robert.

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Un alto en el camino

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