Marès en las fronteras

Intentar describir en unas pocos párrafos las primeras impresiones que recibes cuando visitas el Museu Frederic Marès es la crónica de un fracaso anunciado. Este lugar que pasa desapercibido incluso para los mismos barceloneses precisa de días para poder apreciarlo. El museo se divide en dos grandes bloques: el de escultura y el gabinete de coleccionismo. Es por eso que cual operación nanotecnológica reduciré el museo a únicamente subestancias de este último.

De cuando me hablaron de la existencia de tal gabinete y a mi visita transcurrieron unos cuantos meses. Debo confesar que sus luces, sus materiales y la atmósfera que allí se respiraba resultó exactamente la misma que yo había imaginado. Únicamente cambiaba algo: las dimensiones.

Haciendo un repaso a la vida de Frederic Marès (¿quién no lo ha hecho?) observo que nació en Portbou. Me resulta casi metafórico. Vivir en la línea. Casi la frontera. Mirar hacia un lado y a otro, entre un siglo y otro, no puede hacer otra cosa que convertir a Marès en un curioso compulsivo. Lo que más tarde se traduciría en uno de los coleccionistas más importantes del mundo en ese momento.

Frederic Marès, coleccionista y escultor.

Frederic Marès, coleccionista y escultor.

Como tal, tanto la organización del museo como el propio Marès se vieron obligados a organizar el gabinete de la forma más adecuada posible. Un éxito sin lugar a dudas a juzgar por la experiencia. De entre objetos de fumador, armas, objetos religiosos, cerámicas, relojes y daguerrotipos detaco un lugar: la Sala Femenina .

La Sala Femenina es un reflejo de toda la envoltura de la mujer burguesa decimonónica. La estancia es única y la disposición de los objetos inmejorable. A cualquier experto puede parecerle que la iluminación no es la adecuada para un espacio expositivo. Pero en este caso el discurso, los objetos y la atmósfera la precisan así. Lo contrario hubiera sido un terrible error ya que con sólo poner un pie en la sala ya se percibe ese cambio de época tan particular. Vitrinas con anillos, pequeños bolsos o portabouquets. Coquetería pura.

Paseo por la Sala Femenina

Paseo por la Sala Femenina

A pesar de saber de su existencia pisé el Marès por primera vez en el 2011. Espero que los lectores no sigan coleccionando años sin hacerlo. Craso error el de no destinar unas cuantas horas a hacerlo.

El patio. Uno de los lugares con más personalidad de Barcelona.

El patio. Uno de los lugares con más personalidad de Barcelona.

PD. Si es verano se puede visitar el FANTÁSTICO bar junto al patio de naranjos de la entrada principal.

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Un alto en el camino

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